Viajes de Darwin
I.El viaje a bordo del
Beagle (1831-1836):
En 1831 fue nombrado naturalista a bordo del hermoso bergantín Beagle en un viaje que duró cinco años por ambas costas de Sudamérica, Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Tasmania, isla de Keeling, Mauricio, Brasil y las Azores.
En 1831 fue nombrado naturalista a bordo del hermoso bergantín Beagle en un viaje que duró cinco años por ambas costas de Sudamérica, Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Tasmania, isla de Keeling, Mauricio, Brasil y las Azores.
El Beagle arribó a las costas de Inglaterra el
2 de octubre de 1836
II. Las islas Galápagos:
En esta
inhabitadas islas del Pacífico, muy distantes de las costas de Sudamérica, se
sorprendió al descubrir lagartos gigantescos, supuestamente extinguidos,
desmesuradas tortugas, cangrejos descomunales, gavilanes sin malicia que se
dejaban derribar de un árbol con una vara y tórtolas amistosas que se posaban
sobre el hombro del perplejo Charles.
III. Deseos de visitar Tenerife:
Llegó a contactar con un marino mercante de
Londres para recibir información sobre la salida de barcos hacia aquella isla
de sus sueños.
El
paso por el golfo de Vizcaya y el cabo de Finisterre fue infernal y el pobre Darwin se mareó sin
poder hacer nada por evitarlo. Una terrible desazón que le acompañaría durante
todo el viaje. El 6 de enero de 1832 avistó su Tenerife de las maravillas.
"¡Oh, desgracia!, estábamos preparándonos para largar el ancla a media
milla de Santa Cruz cuando se acercó un barco y nos trajo una mala noticia. El cónsul ordenó que
debíamos someternos a una cuarentena de doce días" El gozo en un pozo. El
temor de las autoridades a que la tripulación del Beagle portara el
cólera impidió uno de sus sueños más queridos: visitar Tenerife. A la mañana
siguiente, la isla parecía haber desaparecido como por ensalmo. Hasta que por
encima de la bruma apareció el sol iluminando el pico del Teide: un rayo de
consuelo.
IV.Escala en las islas de Cabo Verde:
IV.Escala en las islas de Cabo Verde:
La palidez de Darwin se acentuaba cada día más. Poner el
pie a tierra no era simplemente un deseo sino una absoluta necesidad. La cabeza
le daba vueltas y se sentía francamente mal. Corría el 16 de enero y el Beagle
ancló en Porto Praya, un puerto de la isla de Sao Tiago, que pasaba por ser la
mayor del archipiélago africano de Cabo Verde. Un día feliz. Tenía grandes
deseos de que llegara aquel momento. Aunque había leído las descripciones de Humboldt y temía llevarme una desilusión.
En
Sao Tiago, Darwin apreció que la geología de la isla era la parte más
interesante de su historia natural. La línea de roca dura y blanda que se
extendía de forma horizontal a una altura de alrededor de trece metros sobre la
misma base de los acantilados fue lo primero que le llamó poderosamente la
atención al tocar puerto. Aquella formación era calcárea y contenía numerosas
conchas, la mayoría de las cuáles se podía encontrar en la costa. Darwin dedujo que en tiempos lejanos la
corriente de lava de los antiguos volcanes se precipitó encima del anterior
lecho del mar de conchas y corales, ayudando gradualmente a formar aquella
línea de roca dura y blanca. En parte alguna descubrió signos de reciente
actividad volcánica. Ni siquiera formas de cráter en las colinas de ceniza
roja. También llegó a la conclusión de que la superficie de la isla se había
tenido que formar por una sucesión de actividades volcánicas, y no solamente
como consecuencia de una de ellas.
V. V.Llegada a Valparaíso (23 de julio):
Durante la noche el Beagle echa el ancla en la
bahía de Valparaíso, principal puerto de Chile.
La ciudad se alza al pie de una cadena de colinas bastante escarpadas y
que tienen cerca de 1.600 pies (480 metros) de altitud. Debido a esa situación,
Valparaíso no es sino una larga calle paralela a la costa: pero cada vez que un
barranco abre el flanco de las montañas, las casas se amontonan a uno y otro
lado. Una vegetación muy escasa cubre esas colinas redondeadas y los lados rojo
vivo de los numerosos barranquillos que las separan brillan al sol. El color
del terreno, las casas bajas blanqueadas con cal y cubiertas de tejas; se puede
apreciar la gran distancia a que se hallan situados y el panorama es magnífico.
El volcán Aconcagua ofrece un aspecto particularmente imponente. Esa inmensa
masa irregular alcanza una altitud más considerable que el Chimborazo, porque,
según las triangulaciones hechas por los oficiales del Beagle, llegan a
una altitud de 23.000 pies (6.900 metros)
Esperemos que se comprenda mejor con el video.
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